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Editorial
Torres más altas han caído
“Oh marine
oh boy
una de tus dificultades consiste en que no
sabes
distinguir el ser del estar
para ti todo es to be.”
Mario Benedetti, “Ser y estar”,
en Antología poética, Alianza, p. 83.
Sin duda alguna los acontecimientos
recientes no han dejado a nadie indiferente: desde el impacto
de las Torres Gemelas desmoronándose, los muertos
entre la población, la caída de Kabul, las
amenazas del mula Omar...hechos catalogables como “hechos
históricos”. Hechos que tradicionalmente han
construido la Historia, la Historia con mayúsculas.
Estos acontecimientos, estos hechos históricos, ponen en
tela de juicio la tesis de Fukuyama nacida a principios
de los años noventa. Tras la caída del muro de
Berlín, Francis Fukuyama se encumbró a la
fama con la publicación en 1992 de El fin de la Historia
y el último hombre donde este miembro del Departamento
de Estado norteamericano certificaba la muerte del socialismo y
la consiguiente victoria – definitiva – del
capitalismo liberal y de la democracia parlamentaria.
En un principio su libro era una celebración
del Nuevo Orden proclamado por George Bush (padre) durante la
Guerra del Golfo. Pero sin duda es mucho más, ya que
legitimaba este Nuevo Orden establecido bajo unos principios
filosóficos: no dudaba en identificar la democracia
liberal con el capitalismo. Su éxito mediático le
acarreó el odio de los intelectuales progresistas que le
tacharon de neoliberal, oportunista, además de
plagiario, ya que su tesis se limitaba a trasponer la
interpretación de Alexandre Kojève sobre la
filosofía de la Historia de Hegel.
Fukuyama entonces afirmó que la
Historia había acabado, tal y como en 1900 – época
en la que el Imperio Británico era una superpotencia –
Normal Angell en The Great Illusion afirmaba que los intereses
comunes de las grandes superpotencias y sobre todo de sus
economías estaban tan estrechamente ligadas que la
guerra ya no tenía sentido (y esto lo decía
catorce años antes de la Primera Guerra Mundial).
A primera vista parecería pués
que las tesis de Fukuyama ante el 11 de septiembre serían
absurdas y erróneas ¿acaso negaría que el
ataque de Nueva York no alcanzaba el nivel de “hecho histórico”?
En el artículo publicado en El País el 21 de
octubre de 2001 Fukuyama se defendía fundamentando sus
tesis centrándose en la definición que él
hace de la palabra Historia. La Historia según él
se refiere al avance de la Humanidad a lo largo del tiempo
hasta la modernidad, una modernidad que para él está
caracterizada por instituciones como la democracia y el
capitalismo. Este proceso a su vez estaba llevando a zonas cada
vez más amplias hacia la modernidad. Según él
aunque había zonas “retrógradas” que
se resistirían al proceso, era difícil encontrar
un tipo de civilización alternativa a la occidental que
fuera viable y en la que la gente “deseara” vivir.
Y puesto que el socialismo, el fascismo, la monarquía
absoluta y otros tipos de gobiernos autoritarios habían
quedado desacreditados y no había ninguna alternativa
viable, el fin de la Historia había llegado. Para
Fukuyama las instituciones de la modernidad como la democracia
liberal y el libre mercado no sólo funcionarán en
Occidente, su atractivo sería lo suficientemente amplio
como para permitir que se abrieran camino en sociedades no
occidentales. Entonces, ¿ cómo cuadra aquí
que el Islam sea el único sistema cultural y político
capaz de producir gente como Osama Bin Laden o los talibanes?
La respuesta para Fukuyama y su concepción de la
Historia es reducir a estas personas como no representativas:
de hecho la respuesta que los políticos orientales y
occidentales han dado desde el 11 de septiembre es que estos
disidentes son una pequeña minoría de musulmanes.
El Islam radical no constituiría así una
alternativa seria a la democracia occidental, ya que, a
diferencia del comunismo, el Islam radical no tiene casi ningún
atractivo – siempre según Fukuyama - en el
mundo contemporáneo excepto para determinados sectores
sociales del mundo árabe.
Junto a esta concepción aparece
Samuel Huntington cuando a partir de 1993 salta a la fama con
un folleto de gran fuerza ideológica titulado The
Clash of Civilizations? Si Fukuyama había
postulado el fin de la Historia, Huntington por el contrario,
viene a restaurar de nuevo la idea de conflicto, pero no un
conflicto de clases sociales, de ricos y pobres, de explotados
y explotadores, de países centrales y periféricos...no,
el conflicto para él es entre civilizaciones.
Pero ni Fukuyama, ni Huntington que
fundamentan el capitalismo y la democracia occidental son
historiadores, no son científicos: son ideólogos
encargados de fundamentar y legitimar determinadas acciones.
Después de la caída del muro de Berlín,
una vez derrotado el bloque soviético, las democracias
liberales quedaban como dueñas de la Historia. Por
supuesto seguirían ocurriendo hechos (“hechos históricos”),
los diarios, las televisiones seguirían publicando
sucesos...pero la Historia habría acabado con el triunfo
del Occidente capitalista y democrático. En cierta
manera aquellos acontecimientos tendrían la misma
trascendencia que el triunfo de Napoleón y los
principios liberales y humanistas de la Revolución
Francesa. Fue así como muchos vieron en la caída
del Muro del Berlín la Toma de la Bastilla de nuestro
tiempo. Fukuyama lo vió así, como lo vió
también así Hegel en la Revolución
Francesa y en su individuo histórico Napoleón.
Con la caída del muro de Berlín
se pasa a la propaganda de la batalla ganada, a la última,
a la definitiva. Pero los acontecimientos actuales advierten
como el Imperio tiene un nuevo conflicto que viene a encender
ese viejo motor de la Historia: el conflicto. Pero de esta
forma, es decir, llevando los conflictos sólo a un
choque entre civilizaciones se anulan por completo los
conflictos entre países pobres y ricos, disidencias
internas de cada país, anulando otras interpretaciones
de la Historia porque se exige que todo Occidente sea un
bloque. Esto lo dice Bush, Aznar o Blair cuando proclaman
aquello de “Con nosotros o contra nosotros”. Los
conflictos desde esta perspectiva no son económicos,
sociales o políticos, sino de “Civilización”.
Y no sólo de Civilización, sino, que cada vez está
quedando más claro que se está metiendo en el
mismo saco a todos los que cuestionen el sistema capitalista
y el actual modelo de globalización. Así, por un
lado se elimina el coflicto en Occidente: ya no hay pobres ni
ricos, explotados ni explotadores, injusticia social, culturas
diferentes, identidades diferentes...somos todos occidentales,
todos estamos en guerra. Y por otro lado, todos los que no están
“con ellos” son Desafectos, son Terroristas
tanto como aquellos que derrumbaron las Torres Gemelas; los que
no estamos con su guerra somos subversivos, y sí, en la
medida que esto continue así somos todos
Proscritos.
Y a los que no creemos en la Historia que
nos cuentan Fukuyama, Huntington y demás...¿qué
nos queda? ¿acaso una vuelta a la Historia positivista
llena de fechas y datos?¿acaso una periodística?
Probablemente cada uno sabe lo que moralmente debe hacer, eso sí
, siendo consciente de que lo que se está batiendo no
son sólo las personas sino también las ideas: se
está batiendo al pensamiento crítico y al
análisis de la realidad.
Hay que constatar además la pérdida
de importancia que apologías al capitalismo como las de
Fukuyama han sufrido, pués el capitalismo ya no las
necesita, (no es que no tenga necesidad de discursos ideológicos,
sino que éstos bastan con reducirse a una mera campaña
de marketing):ahora tiene hechos y no teorías en los
cuales basar el uso de su poder. La libertad de su
democracia liberal es una libertad con rejas de cristal que se
han mantenido limpias con un lenguaje políticamente
correcto, y ahora, con la prisa que da la venganza se han
olvidado de limpiarlas y se pueden ver como nunca. Ya se sabe,
no es lo mismo estar en la cima que ser la cima, pero en inglés,
todo es “to be”.
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