60 ANYS DESPRÉS
Aquesta secció està en preparació, pròximament
la seva responsable ens oferirà una introducció explicativa
sobre la mateixa ( motius, apartats, etc. ). De moment introduïm part
del material que la conformarà amb dos testimonis de la repressió
i l'exili.
1. DEBER DE MEMORIA
2. EL PUERTO DEL DESTIERRO
DEBER DE MEMORIA
Albouy Jean
La estación de Borredon conoció en marzo de 1939 una
triste fama: la llegada de los internados de la Armada Republicana Española,
dirigidos al campo de Septfons.
La lluvia de ese mes de marzo acentuaba el silencio total, solo
turbado por el canto de un gallo o el ladrido de algún perro en
una granja vecina, o el paso de un tren.
De pronto el silencio queda roto por el ruido que sube del patio
de la estación, esta llena de soldados, de sus capotes sale vapor
bajo la lluvia, grupos de tiradores que salen bajo la lluvia charlando.
Es un despliegue de fuerzas poco habitual para una estación
tan pequeña que presagia un acontecimiento importante, la llegada
de un convoy excepcional.
Los soldados, alineados a cada lado de las dos vías principales,
uno cada diez metros, el fusil sobre el hombro, establecen un cordón
de seguridad.
El tren esta compuesto por vagones de un antiguo modelo y que solo
sirven para viajeros, esta lleno de hombres vestidos de kaky, algunos se
protegen con gorras de lana, otros, con capotes que solo dejan asomar un
poco del rostro.
Ignorando el peligro bajan del tren por la vía contraría,
la mayoría para orinar protegidos por el tren.
Son más de 800 que han viajado amontonados en aquellos vagones,
algunos tienen bancos para sentarse, pero ninguno dispone de aseos. Una
manta sobre la cabeza sirve de impermeable.
Encuadrados por la tropa, salen del anden.
Quien no haya visto la llegada de esos hombres, no pueden entender
la miseria que arrastran.
Llevan una manta en bandolera atada por las extremidades con una
cuerda para sujetarla al cuerpo.
Sus ropas sucias, arrugadas y con frecuencia desgarradas demuestran
lo duro de la retirada, solo los más afortunados llevan una cantimplora
de aluminio, de aluminio también es la escudilla que llevan atada
a la cintura. Muchos no disponen ni del plato, una vieja lata de conservas
que para poderla coger han colocado un alambre retorcido a modo de asas.
Lo han perdido todo. Llevan barba de muchos días que demuestra
el sufrimiento y el cansancio de la retirada, el hambre y el frío,
la lluvia, pero sobretodo, por la detención y el desengaño
de la acogida.
Sus cuerpos están agotados, intentan luchar contra el catarro,
no disponen ni de pañuelos para poderse sonar la mucosidad.
No tienen protección bajo la lluvia ni ropa para cambiarse,
la mayoría lo ha perdido todo, solo les queda la vida.
Gruesas lagrimas corren por las mejillas de muchos hombres, son
lagrimas de amargura, de decepción, de la detención que no
comprenden, su único delito ha sido arriesgar la vida defendiendo
la libertad.
Son también lagrimas de desengaño ante la derrota
de la República, de esa República que les enseño a
leer, a ser hombres libres y conscientes de sus deberes y derechos.
Eran los vencidos del fascismo. En su triste mirada se podía
ver toda la amargura de un pueblo valiente que no acepta su derrota.
Aguardan bajo la lluvia que no cesa de caer fría y penetrante.
El vaho se escapa de sus ropas mojadas y se confunde con la humedad. Una
nube de niebla se estanca por encima de todos, prisioneros y soldados.
El olor de ropa sudada y mojada sale de los uniformes sucios del éxodo
y el internamiento.
Para engañar la espera y el hambre, algunos sacan del bolsillo
un mendrugo de pan seco y lo parten con precaución para no perder
una sola miga.
Los más afortunados aún pueden poner unas gotas de
aceite, seguramente de oliva, en su pan, o en el pan de otro compañero,
gotas de aceite que guardaban en el fondo de su cantimplora, es una golosina
comparado con las lentejas crudas que les dieron en Argeles.
En Argeles la arena de la playa les servia de cama, en Septfonds
será la hierba cortada de un prado a la orilla de un arroyo, lo
que les servirá de lecho.
El calvario aun no ha terminado.
Ningún barracón esta preparado para los primeros que
llegan.
Más de 3000 hombres esperando varios días bajo la
lluvia.
Todos esos hombres cansados de andar, de pasar por campos de "acogida"
viven con la esperanza de un poco de reposo que les permita recuperar las
fuerzas.
Pero aquí están, delante del cercado espinoso, con
un camino para las patrullas de vigilancia que ya conocen bien por haberlas
visto y sufrido. Nada ha cambiado.
Dentro de ese campo, sin una sola barraca, la lluvia cae continuamente
en ese mes de marzo.
Nada esta preparado para ellos, ocho días después
de la llegada se encuentran aún bajo la lluvia, sentados en el suelo,
bajo una manta que apoyada en ramas cortadas les sirve de abrigo mientras
intentan mantener un pequeño fuego encendido.
Poco a poco, la hierba deja lugar al fango.
Están allí, varios cientos de grupos esperando desesperadamente.
Las autoridades civiles y militares escogieron la discreción
de la estación de Borredón, perdida en la campaña,
para no estimular movimientos de simpatía entre la población
de Caussade si hubieran atravesado la ciudad.
Según ellos, lo principal era no asustar a las buenas gentes.
La estación de Borredon ha visto las primicias de la guerra,
ha visto el drama de los que conducidos por las SS se marcharon del campo
de Jude a los campos de la muerte en Alemania.
A la memoria de mi padre,
jefe de la estación de Borredon de 1935 a 1947.
EL PUERTO DEL DESTIERRO
GOGORATUZ SIGNIFICA, RECORDAR, REFLEXIONAR.
En 1938 la guerra civil devasta las tierras de España.
En abril, las fuerzas rebeldes a la República ocupan el Valle
de Venasque. El frente de Aragón se ha roto.
Más al norte, la resistencia heroica de los combatientes de la
43º División de la Armada de la República,
permite mantener aún el Valle de Bielsa. Mal equipados y con
pocas municiones esos hombres contienen durante largos meses el avance
de las tropas franquistas.
La caída del frente de Aragón les corta de sus bases y
deben resolver la situación, deciden retirarse, su única
salida es Francia.
Temiendo las represalias, la población civil acompaña
en su fuga a los soldados republicanos.
Se asiste a un inmenso éxodo a 2500 metros de altitud, a través
de las cimas en la sombría primavera donde la nieve aún quema.
Las bombas incendiarias lanzadas por los " HEINKEL" y los "SAVOIA" italianos
destrozan Bielsa y Parzan, sobre aquel territorio llueven las bombas de
la artillería franquista.
Las líneas republicanas, desguarnecidas, son tomadas el 15 de
abril. La supremacía aérea de los nacionales y sus aliados
es total y su victoria indudable.
Así termina el episodio conocido como "la bolsa de Bielsa," último
reducto de la resistencia aragonesa a las tropas de Franco.
Entre el 7 y el 14 de abril, 6.000 civiles, seguidos por 8.000 hombres
de 43º División de l Ejercito Republicano, tomaron el camino
de los puertos de Bielsa y Vieux.
Hoy, se puede rehacer el camino que tomaron aquellos hombres y mujeres
con un paquete en las espaldas o un niño en los brazos.
Las columnas de refugiados, huyendo de la destrucción de Bielsa
y Parzan, subían por el fondo del valle donde hoy se puede viajar
por una carretera nacional.
Cuando se llega frente a la pared del túnel d´Aragnouet,
en Bielsa, se percibe a lo lejos el chorro de la Pinara, magnifico salto
de agua que describe un arco en circulo sobre el vacío.
Por respeto al espíritu del paseo, es mejor dejar el coche a
un kilometro después de pasar el túnel en lugar de dejarlo
en el parking construido en la salida sur.
Los ingredientes del drama están frente a nosotros.
La pared que se ofrece a la mirada no parece muy escarpada, pero la
debemos imaginar con la nieve de esa primavera de 1.938.
CON LA ANGUSTIA
Y LA DESESPERACIÓN
DEL DESTIERRO.

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